TANGO, el lenguaje que me permite ser: César Olguín
Realizada el 9 de junio de 2012 en la ciudad de México.
Por Rodolfo León y Marisol Naranjo.
Colectivo Haia: ¿Cómo fue que usted decidió venir y trabajar aquí?
César Olguín: Bueno, en realidad eso no fue una decisión así como un acto de decir “me voy a México a vivir”, sino más bien respondió a una necesidad que tenía de joven de salir de mi país. Entonces ese deseo y los impulsos de la juventud me trajeron aquí a México en el año ’79 y, nada más vine con la idea de estar un tiempo, de conocer un poco de este país, y ese tiempo no era más de un año. Desde entonces han transcurrido 33, y bueno, fueron circunstancias fortuitas las que realmente hicieron que me quedara acá, pero sobre todo una de las causas fundamentales han sido el deseo y las ganas de vivir en este país y más concretamente en esta ciudad. Así fue, digamos, mi llegada. No fue una planificación, al contrario, había sido un deseo de dar una vuelta y conocer. Y dada la juventud de aquellos años y no tener una responsabilidad, era soltero, fue así como emprendí ese viaje con un amigo, y nos fuimos quedando, y seguramente de aquí saldremos, con las patas para delante como dicen.
Colectivo Haia: ¿Cuál ha sido el músico que lo ha influenciado más, digamos, como intérprete y también como compositor?
César Olguín: Bueno, yo no tengo dudas de decir que ha sido Astor Piazzolla quien ha tenido más influencia en mi vida, lo que por una parte es de un profundo agradecimiento haberlo descubierto en mi juventud, de haberlo escuchado, de haberlo conocido. Y en contraparte, también lo difícil que es tener esa carga de una influencia, porque, por toda su labor, por su personalidad, ha sido algo que hasta el día de hoy de alguna manera nos persigue, digamos. Siempre he dicho que aun las nuevas generaciones tenemos nuestras cabezas bajo el zapato de Astor Piazzolla, entonces, hoy en día escribir, componer y tocar tango, difícilmente uno puede lograrlo sin parecerse a Piazzolla.
No hay duda de que él ha sido y sigue siendo una influencia muy grande, no solamente en lo musical sino también un poco a través de su vida personal, de su manera de haber encarado la vida, de lo que él ha creído, de lo que creyó, digamos, de su quehacer y de la forma en que lo hizo.
Colectivo Haia: ¿Cómo es la vida del tanguero César Olguín?
César Olguín: Es una pregunta difícil porque es como tratar de mirarse en un espejo, digo, imágenes que no me gustan mucho, porque además uno empieza a desempeñar ahí como, en el mejor de los casos, como un juego de tratar de verse uno bien, esto es como estar previo a una fiesta, en donde uno se baña y bueno qué ropa me pongo, cuál es la que mejor me queda, tratar de verse bonito. Y la verdad que cuesta mucho verme así. ¿Cómo es mi vida? trato de vivirla y sin lugar a dudas la música es un elemento importante en mi vida. Quizás es a lo que más me dedico, es lo que más hago, pero también hay otras cosas que para mí son importantes. Entonces hago mi trabajo, desde la música, pero me doy tiempo para vivir, para estar con los amigos, que son pocos, tratar de disfrutar de la comida, de un buen vino. Eso sería así más o menos un espejo social que te puedo mostrar. Hay otro que a lo mejor es un poco más profundo y es más caótico y es más complejo.
Colectivo Haia: ¿Cómo es la relación que tienen usted con su instrumento, su bandoneón? ¿Tiene algún bandoneón favorito?
César Olguín: Sí, bueno, para mí todos tienen alguna, yo digo que son como una especie de hijos y cada uno tiene su particularidad. Tengo uno que es el que me regaló mi padre cuando yo tenía diez años y quizás es el que más valor afectivo tiene, además de que es un buen instrumento. Suelo presumir que tengo muy buenos instrumentos. Y ese bueno, tiene la particularidad de que es un instrumento que hace cuarenta y ocho años que está conmigo. Y tiene un valor afectivo muy importante, pero cada uno tiene su historia.
En cuanto a mi relación con ellos, es una herramienta importante para mí, y creo que finalmente es una relación fuerte, a veces suelo compararla con una relación de pareja, como si fuera una mujer, pero con otras desventajas. Por lo menos uno con su pareja se puede pelear, puede discutir, sobre todo, la otra parte te puede mentar la madre. Pero en este caso estos instrumentos no te dicen nada, que es peor, guardan silencio, si no los tocás (sic), guardan silencio. Y entonces es peor, porque está ahí y él no te dice nada pero tú sabes que hay que tocarlo, que hay que estudiar, que hay que tratar de mejorar en todos los sentidos día a día. Entonces, digo bien al decir que es una relación importante pero también incluye esa parte de carga, de peso, de responsabilidad. Y a veces, por etapas, momentos muy difíciles. A veces uno quisiera no tocar, decir “ya no toco más”, que me parece que es bastante común en el medio artístico; así como al escritor le pasa encontrarse con la página en blanco y dice “¿y ahora qué escribo, y cómo lo escribo, y para qué escribo?”, y uno a veces se plantea eso de decir “bueno, ya no escribo más”. Pero uno es reincidente en ese sentido y, digo, por lo menos ahora todavía seguimos.
Colectivo Haia: Y por ejemplo, cuando usted se va a presentar ante el público, ¿tiene alguna especie de ritual que haga con su instrumento?
César Olguín: Lo único que me ha pasado en estos años de la actividad de tocar en público, es que finalmente uno se va contagiando de estas situaciones, un poco de las cuales yo no soy creyente, sin embargo me he ido contagiando de todos estos mitos acerca de no entrar en un teatro vestido de amarillo, los deseos de suerte, al menos eso viene, creo, del teatro francés y los argentinos lo han aplicado mucho, jamás desearle suerte cuando estás previo a una tocada, te desean, al contrario, “mucha mierda”, te dicen, “mucha merde”, dicen los franceses. Y me he ido contagiando de esas supersticiones así, pero no, no hago ningún ritual. Por lo general trato de estar tranquilo, en ese sentido a veces uno tiene que desempeñar una actividad ahí medio diplomática, que va la gente a saludarte, después no me molesta tanto, el previo sí, por lo general prefiero estar tranquilo, solo, ya después tocar. Que un poco la soledad pasa también por todo lados, porque después cuando yo toco lo único que quiero es pegarme un baño y descansar, y a lo mejor por ahí comer si tengo hambre o tomar un vino, pero no me gusta socializar porque es de las cosas que menos me gustan de mi profesión. Hacer esa labor social, de la diplomacia, relaciones públicas, eso no me entusiasma mucho. Pero bueno, es algo que uno tienen que hacer, a la gente le gusta acercarse a saludarte, y mostrar el afecto o una opinión respecto del trabajo que uno acaba de hacer. Esa parte es complicada, bueno, yo la hago porque sé que me debo a eso y sí entiendo que la gente a veces, fruto del entusiasmo si uno ha hecho un buen trabajo, le gusta acercarse, o pedirte un autógrafo, o sacarte una foto, y sí lo hago, no es lo que más me gusta, pero sí lo hago, he aprendido a hacerlo.
Colectivo Haia: Maestro, Piazzolla decía que para querer tocar el bandoneón se necesitaba estar loco, ¿cuál es su opinión respecto a ese comentario?
César Olguín: Lo que te diría en principio, bueno, esto nos vuelve otra vez al espejo, yo probablemente sí esté loco,claro yo no lo sé, en tal caso algún psicoanalista o psicólogo te lo tendría que certificar. Ha habido algunos casos de algunos bandoneonistas que tienen certificación de estar locos, lo cual los convierte de alguna manera en medios genios o genios. Quizás este es un terreno muy subjetivo porque entraríamos a definir la locura, hay locuras geniales, como la de Dalí o como Van Gogh. Pero decía que, en el caso de ver en el espejo seguramente debo tener alguna parte de loco, pero no lo tomo como una cuestión especial o particular. Quizás él lo decía porque explicaba de qué manera tiene que trabajar el cerebro de un bandoneonista, porque talvez en ese aspecto sea un instrumento difícil y complicado. Tocar bien cualquier instrumento es difícil, pero la particularidad que tiene el bandoneón al ser cuatro teclados diferentes esto es como aprenderse cuatro teclados de la máquina de escribir o de la computadora diferentes, porque la mano derecha abriendo el teclado tiene una relación, la notas de una posición cerrando tienen otra, en la mano izquierda es exactamente lo mismo. Entonces aprenderse esos cuatro teclados sí lleva un desafío muy particular. En el caso de los que hemos aprendido desde niños quizás no nos ha sido, al menos desde lo racional, tan complicado, así como hay chicos que aprenden a hablar cuatro o cinco idiomas, o este hombre De la Peña, este escritor, se me escapa el nombre ahora, le acaban de entregar un premio ahora, que habla treinta y tres idiomas, claro, también representa un desafío particular. Pero quizás, volviendo a la pregunta y haciendo referencia a lo que decía Piazzolla, quizás sí, los bandoneonistas tengamos cierta locura, o en tal caso cierta obsesiones.
Colectivo Haia: Ha de ser muy diferente la percepción ya cuando desarrollas esa habilidad.
César Olguín: Sí, yo me imagino que sí, en realidad lo bandoneonistas somos conocidos, así como hay perfiles dentro de los ejecutantes, de músicos, de instrumentistas que tienen su particularidades. Si uno analiza a los guitarristas que son obsesivos con sus manos, las uñas, los pianistas con las técnica, que si la postura de la muñeca, las manos, si el taburete, todas esas obsesiones, creo que también los bandoneonistas tienen obsesiones particulares. Pero, tratando de redondear, es que a veces esto nos lleva al terreno de tratar de definir algún instrumentista o a los músicos en general. YO SIEMPRE DIGO QUE FINALMENTE EL ARTE, EN ESTE CASO LA MÚSICA, NOS TIENE QUE SERVIR PARA SER MEJORES, NO PARA SER PEORES. Porque a veces esas son como particularidades de los bandoneonistas, hay una obsesión, una preocupación y un espíritu de competencia, de ver quién es el mejor, que también pasa en casi todos los músicos, pero bueno, hablo yo más con conocimiento de los bandoneonistas y a mí me parece que hay una competencia que es sana y que sirve para crecer, y hay otra que sirve para destruir, finalmente para ponernos en una balanza donde yo tenga que competir contigo o contigo para demostrar que soy mejor, me parece que eso no sirve mucho. Finalmente cada uno hace lo que puede, lo que debe o lo que quiere. Eso es lo que yo he aprendido en mis años de estar en esta profesión, yo siempre digo que a veces prefiero sacrificar, cuando me ha tocado trabajar con gente, cuestiones musicales pero sí tener calidad humana. PREFIERO TENER MÚSICOS MENOS BUENOS PERO BUENAS PERSONAS, Y NO BUENOS MÚSICOS Y MALA GENTE, no me interesa mucho eso.
Colectivo Haia: Y eso no se da muy seguido a veces verdad.
César Olguín: Yo he tenido suerte. Hoy puedo hablar básicamente, tengo una orquesta, somos once y te puedo garantizar que salir de gira con once personas, hablando de convivencia, es difícil. Es difícil equilibrar, coordinar todo eso, pero he tenido suerte. Bueno, algunos se han ido de la orquesta, pero tengo un grupo joven, entusiasta, buenos chicos, en general he tenido siempre buenos muchachos. Y tengo la oportunidad y he tenido la oportunidad de trabajar con otras agrupaciones, de los cuales he tenido amigos, Jorge Cristian, un saxofonista con el que trabajamos más de diez años juntos, él acaba de fallecer, fue un gran amigo y un gran músico, y digo que más allá de las diferencias que uno puede tener con la gente, lo importante creo que es eso, aprender a convivir con las diferencias, con nuestras diferentes maneras de ser y de encarar la vida, la habilidad está en eso, las capacidad de equilibrio se da en eso, no tienen que ser iguales a uno, sería muy fácil, “tenemos los mismo gustos, vamos al mismo lugar, comemos lo mismo”, sería fácil digamos, y lo difícil es convivir con las diferencias. Entonces yo en ese SENTIDO HE TENIDO BUENOS MÚSICOS, BUENAS PERSONAS, LOS SIGO TENIENDO Y HE APRENDIDO MUCHO, HE TRABAJADO CON AGRUPACIONES DE LAS CUALES HE APRENDIDO MUCHO, NO SÓLO EN EL TERRENO MUSICAL SINO EN EL TERRENO HUMANO, EN EL TERRENO DE LAS RELACIONES HUMANAS.
Colectivo Haia: Y hablando sobre esto de la competencia, ¿qué lugar ocupa el tango en el ambiente musical mexicano?
Colectivo Haia: A veces son reacios, digo aunque es algo que a veces lo discuto, lo hablamos con colegas o compañeros músicos, de expresarme con profundidad en cuanto a esto, porque a veces tengo una percepción de que somos lo marginal de lo marginal, y hablo concretamente de nuestra labor, de hecho el tango podrías decir que es un poco como el jazz, es un poco elitista por razones varias: le gusta a una minoría, no es masivo aun cuando nosotros hemos tenido la suerte de tocar en unos festivales donde hemos tenido una cantidad de gente importante, pero creo que son muchas las razones por las cuales el tango está en ese, digo, si uno no lo quiere calificar de marginal entonces le ponemos elitista. A veces subestimado, subestimado por los propios artistas, subestimado por el público, pero yo creo que como buena expresión popular está mucho más cerca de lo que, tanto los músicos como el público, nos imaginamos.
Colectivo Haia: ¿Cómo es el público que escucha tango?
César Olguín: Es bastante variado, pasa desde las viejas generaciones, de los más viejos, que están ligados a un tango más tradicional, un tango más de Gardel, en el caso particular de México, ligado con Hugo de Carril, Libertad Lamarque, que fueron figuras que vivieron aquí en México, y de los cuales esa generación se siente muy cercana porque a través de las películas, a través de sus abuelos que cantaban tango, hasta las nuevas generaciones donde la figura de Piazzolla ha sido un detonante que ha acercado a estas generaciones de jóvenes que se han interesado, que siguen entusiastas lo que ha hecho Piazzolla y que tiene un lenguaje un poco más actual, un lenguaje con mucha influencia de la música clásica, del jazz, de otras vertientes, que sin lugar a dudas ha enriquecido a este género. Entonces es bastante abierto, digamos, es una especie de abanico el público que se acerca. Y otro público que está interesado en conocer, desde lo viejo a lo nuevo, y también otros jóvenes que por ahí se acercan, no por la música en sí, si no por la música como elemento del baile, eso también acontece bastante, muchos jóvenes que están cercanos al tango por el baile.
Colectivo Haia: ¿Personalmente usted se ha encontrado con algunas dificultades para hacer tango aquí en México?
César Olguín: Sí, yo creo más bien, no sé si la palabra dificultades, creo que sí se puede aplicar, pero yo creo que está más bien limitado. Yo a veces suelo decirle a los alumnos, particularmente a los que vienen a estudiar bandoneón, que se equivocan si vienen, a veces porque los veo con el ánimo y el entusiasmo de proyectarse fundamentalmente a través de Piazzolla, así como decir “me puede ir bien, puedo tener futuro en esto, quiero tocar, quiero triunfar, quiero ganar dinero”, y yo digo que se equivocan. Más con un instrumento en vías de extinción como es el bandoneón, y además cuando es un género marginal o elitista como lo es el tango. Lo que buscan a veces es eso, vienen cegados por las luces de la televisión o de esta inmediatez que a veces los medios aparentemente encandilan, LES DIGO QUE SE EQUIVOCAN, QUE BUSQUEN OTRO GÉNERO, PORQUE ESTO ES MUCHO MÁS LARGO, MÁS LABORIOSO, MÁS SACRIFICADO DE LO QUE SE PUEDEN IMAGINAR. Porque sí, los espacios que hay realmente son pocos, son pocos para lo que uno quisiera, y sobre todo más en el aspecto de tener una continuidad laboral que permita poder sobrevivir de este trabajo. No viene al caso, pero yo periódicamente tengo mis buenos baches, donde se me dificulta mucho. Yo siempre digo que tengo mucho trabajo y es cierto, tengo mucho trabajo porque son muchas cosas las que tengo por hacer, porque me gusta componer, me gusta arreglar, me gusta experimentar con músicos venidos de otros géneros o hacer ensambles, probar nuevos repertorios, continuar aprendiendo; tengo mucho trabajo, pero ese trabajo no necesariamente siempre es pagado, entonces digamos que sí, hay dificultades, hay limitantes. Y entonces sobre todo en un género que no es redituable para la industria musical, ya sea discográfica, o los mismos conciertos. Lo cual me parece falso, pero creo que pasa con todas las manifestaciones artísticas, como la gente de teatro, uno como actor seguramente que lo más redituable es ir a hacer telenovelas, y hacer una obra de teatro está cañón, porque la gente no va al teatro, porque es caro, es laborioso, son muchos los elementos que uno tiene que hacer, pero bueno, a veces, ya sea desde los participantes directos hasta los productores y todo esto, caemos en esta subestimación porque parecería ser que está peleado lo comercial con lo que uno hace, y a mí me parece que hay algo medio falso, o en tal caso lo que planteo es que no debería de ser así. Pero creo que hay que seguirle, buscándole y tratando, si bien son pocos, o limitados, o difíciles los espacios, hay que tratar de generarlo de crearlo uno, de una u otra medida. Desgraciadamente nos han puesto en esa situación ahora, estos sistemas de globalización nos obligan que además de ser músico tú tienes que ser productor, empleador, difusor, diseñador, y si no tenés un respaldo económico atrás o no encontrás un mecenas que pueda ayudarte en tu quehacer pues está cañón, se pone difícil porque yo siempre digo lo mismo: en el aspecto comercial, yo lo único que vendo es lo que yo hago, no vendo otra cosa. Pero en estos sistemas uno también tiene que vender otras cosas, tenés que vender tu capacidad de negociación, tenés que vender tu porte, tu pinta; difícilmente, a veces han ocurrido excepciones, Pavarotti, porque realmente era un verdadero talento, pero en la música, hablando de la mercadotecnia musical, difícilmente vas a encontrar a alguien, por más bien que cante, con ese porte, con esa figura, o sea, si no te parecés a Ricky Martin, estás jodido eh, si no te parecés a Luis Miguel, está cabrón. Entonces, cuando te meten esa idea pues finalmente terminás negociando, que yo digo que en tal caso es prostituyéndose, porque empezás a vender lo que no eres. O sea, yo soy bandoneonista, hago tango, siempre digo lo mismo: si eso a alguien le sirve y me permite sobrevivir está bien, no vendo otra cosa. A veces me ha tocado de cerca, hace años, qué sé yo, porque se relacionan de otra manera, porque hay intereses, en el caso de las mujeres sabemos que en determinados medios si eres guapa viste, y vas ahí y aflojás con el productor y tenés más chance, por más talento que tengas. Es muy difícil, pelear o lidiar con esas cosas.
Colectivo Haia: Maestro, hablando de su faceta de compositor, ¿cuáles son los elementos, o cuáles son las circunstancias que a usted le ayudan a propiciar la inspiración?
César Olguín: La composición es misteriosa. Y cuando digo esto tampoco quiero adornar, porque parecería ser de que los que estamos en el ambiente artístico, si bien es cierto que yo creo y sé que existen cuestiones que son difíciles de explicar, pero creo en el trabajo en realidad, por ahí alguien decía que es el noventa por ciento de transpiración y el diez por ciento de inspiración. Entonces, en el terreno de la composición, yo creo que en realidad si tengo elementos que me llevan a eso, lo primero que me viene a la mente es una necesidad natural, tengo ganas de escribir, quiero hacerlo, me nace eso. Y a partir de ahí intervienen los elementos que están relacionados con mi vida, desde los perros hasta las relaciones que tengo con la gente, amigos, mi familia, son elementos que de manera ineludible caen en eso. Y bueno, caen EN EL TANGO, QUE ES UN GÉNERO EN EL CUAL YO ME SIENTO CÓMODO, ES UN LENGUAJE QUE NO SÉ QUÉ TANTO DOMINO, PERO SIEMPRE ME ASUMO COMO UN MÚSICO DE TANGO. Yo he tenido la suerte de colaborar con otra gente venida desde otros géneros, como el jazz, como la canción, por ahí alguna vez el rock, y les agradezco que me hayan invitado a eso, y he aprendido, y me gusta, y disfruto compartir con gente que estando en la misma profesión se manera de otra manera, hay nuevas cosas. Pero siempre me siento más cómodo dentro del tango, porque es, poco o mucho, donde yo he estado. Entonces mis composiciones siempre tienen esa tendencia, aun cuando estén contaminadas de otras cosas.
Colectivo Haia: Y el proceso de creación de una obra, ¿tiene etapas o cómo nace la obra y se va desarrollando hasta que usted dice que ya está terminada?
César Olguín: Me pasa de todo. Hay veces en que puedo escribir un tema de manera rápida, uno podría decir “estoy más inspirado”, no sé, sospecho de esas cosas. A veces puedo escribir un tema rápido y hay otras cosas que, a lo mejor por la complejidad o por la idea primera que tengo, se va alargando y se va haciendo más compleja. Lo que sí puedo decir, y con esto me viene a la mente algo que contaba Borges respecto de cuándo está terminado. Yo he aprendido que finalmente las composiciones son como un parto, hay un periodo de gestación, como un embarazo, donde uno elabora, y hay un momento que tiene que finalizar, nacer la obra. Y entonces cada uno sabrá cuánto dura el periodo de gestación, cuánto dura eso. Y respecto a la finalización, y esto era lo que quería decir de Borges, él, hablando con Alfonso Reyes, este le pregunta: Borges ¿usted sabe por qué nosotros editamos? Dice: porque si no, nos pasaríamos toda la vida corrigiendo. Y a mí me parece un poco lo mismo también en el caso de la música, yo escucho mis trabajos y seguramente que estás sujetos a muchas correcciones por errores y “horrores” que hay. Y quizá en la medida que uno va avanzando siempre le pondría qué se yo, es como una casa, la pintaría de blanco y se va y se mete a vivir de blanco, pero después dice “pero bueno, y por qué no ahora la pinto de verde o de amarillo”, o sea, también uno que le va cambiando cosas. Y a veces eso pasa y esto queda plasmado en el caso de Astor Piazzolla, que él tiene como cerca de veinte versiones de Adiós Nonino, de agrupaciones diferentes, de arreglos totalmente diferentes, desde las primeras, digamos, las más austeras hasta las más complicadas, llevarla a orquesta sinfónica. Ese camino hacia la composición está acabado, y bueno, en algún momento uno lo hace nacer. Peor es como los hijos, a lo mejor uno hubiera querido que salieran tipo Alain Delon, pelo negro, ojo claro, ojos gris. Pero no, va a salir de acuerdo a la sangre de uno, lo más probable es que no se parezca a Alain Delon ni a Ricky Martin.
Colectivo Haia: Cuando ha escuchado alguna obra que usted ha compuesto interpretada por otros músicos, ¿qué siente o qué piensa en ese momento?
César Olguín: Lo primero que siento es gratitud de que alguien se interese por una obra mía, gradezco la generosidad. A veces me pregunto “¿yo sí escribí eso? ¿Eso es mío?”, lo digo a veces por la pobreza que tiene o por algo así que diga “ah, no está tan mal”. Porque, volvemos a la historia del espejo, esto de verse reflejado, que es uno, de eso no cabe duda, eso lo escribí yo, si uno entra en la parte racional, y sí, eso lo escribí yo, las notas las puse yo, me hago responsable de esa parte. Pero es difícil lo que el espejo te devuelve, uno se mira así y, depende del estado de ánimo, dice “bueno, no estoy tan gacho”; y otras veces uno se mira y dice “puta madre, ¿no me podría ir un poco mejor en la vida? Siempre encontrar el equilibrio es difícil y yo creo que en ese aspecto quienes tendrán, o en tal caso, un punto más objetivo si es que lo hay, es en la gente, uno puede decir bueno, a través de la gente uno dice “sí, aquella persona es así o más o menos es esto”, pero hablar de uno…porque además tiene que ver con uno, uno tiene una parte de luz, pero también tiene una parte de oscuridad y nuestras oscuridades a veces, la otra cara de la luna, es jodido. Quiénes no hemos sentido en algún momento el deseo de matar a alguien, por lo que nos hizo o por lo que dejó de hacer. Siempre me acuerdo de una frase de Bernard Shaw que decía: “nada de lo humano me es ajeno”. Estamos hechos de todos eso, de la pasión del odio, tenemos lo animal también metido, así como tenemos la capacidad de amar también tenemos la capacidad de matar.
Colectivo Haia: Actualmente ya existen bastantes ensambles que tocan tango pero, realmente, ¿todos suenan a tango?
César Olguín: Bueno, hay una diversidad de estilos, hay gente que todavía es gente conocedora de tango, que se criaron en una época de las grandes orquestas, gente que todavía al día de hoy discute si lo de Piazzolla es tango o no es tango. Bueno, ¿qué sería lo que determina qué es tango y qué es lo que no? Y creo que hay una cuestión que también es muy subjetiva, lo que sería el espíritu, lo que responde al espíritu; no necesariamente porque veas un bandoneón eso es tango. Yo creo que es tango siempre y cuando esté implícito en ese quehacer el espíritu del tango. Pero es muy subjetivo, ¿quién determina lo que es el espíritu del tango? Yo creo que finalmente el paso del tiempo es lo que inclina la balanza, además es relativo, A MÍ ME INTERESA LA MÚSICA, ESTOY EN UN GÉNERO EN PARTICULAR PERO ME INTERESA LA MÚSICA, Y YO CREO QUE ESO ES LO QUE TIENE VALIDEZ. Y esto lo digo porque hay algunos que se han tirado, han defenestrado a estas nuevas agrupaciones que hacen electrotango o tango eléctrico y no sé qué, y les molesta. Y la verdad que a mí no me molesta, me parece bien que exista ahí una metamorfosis, que se esté moviendo, que haya nuevas inquietudes, porque es la única manera de que el género pueda irse renovando y de esa manera permanecer. Se tiene que ir contaminando, si uno escucha desde los primeros tangos, hasta los más reciente hay diferencias abismales, y ha sido para bien, ha sido para enriquecer, no ha sido para empeorar. Seguramente que en ese trayecto muchas cosas han sido superfluas o han pasado sin pena ni gloria, pero es parte del proceso.
Colectivo Haia: ¿Se podría decir que existe el tango mexicano?
César Olguín: Sí, y esto lo digo por lo que decía este promotor, este gran investigador, Gastón Martínez Matiella, él hablaba de un tango mexicano. No hablo de unidad, de UN tango mexicano, si no de que había una concepción mexicana del tango. De hecho él editó por ahí, hace muchos años en disco de vinilo, material, registro que él tenía de artistas mexicanos que, en 1904 o 1905, grabaron en Estados Unidos tango mexicano, interpretado por mexicanos. Lo cual él le llamaba un paralelismo que había entre el tango mexicano y en tango argentino. Esto es como un poco fruto de ese crisol que fue la diversidad de música que dieron nacimiento al tango: las mazurcas, los chotis españoles, los tanguillos españoles, la habanera de Centroamérica, de Cuba. Hubo una confluencia de esta música que dieron origen al tango, y quizá la balanza se inclino hacía el Río de la Plata y que hoy es conocido como algo, hasta a veces injustamente, de Buenos Aires, cuando también la otra orilla que es Uruguay, también ha tenido su vertiente. Pero esto está tan discutido como los finlandeses, que tienen un tango finlandés, y además ellos se sienten propietarios y creadores del tango. Y uno escucha los tangos de Finlandia y eso es otra concepción del tango, pero a mí me parece válido. Volviendo a tu pregunta, sí, yo creo que hay un tango mexicano. Quizás no ha tenido cuantitativamente la misma presencia o la continuidad que ha tenido el tango en el Río de la Plata, pero me remito a las pruebas de nuestro trabajo más reciente en materia de discos, El Tango de México, donde el maestro Mario Lavista, Eduardo Gamboa, René Torres, músicos con una concepción más contemporánea, músicos contemporáneo, han hecho tango. Pero también Stravinsky hizo tango, y claro, uno quizá con esto no diría que hay un tango ruso, pero bueno, también es para discutir, da para mucho.
Colectivo Haia: Maestro, ¿usted qué le recomendaría a los que estás incursionando apenas en el tango?
César Olguín: Yo creo que si uno se dedica al tango porque realmente le gusta, porque uno siente una pasión, que creo que la idea de la pasión que en tal caso demandaría cualquiera de las manifestaciones artísticas, la misma pasión que uno tiene que tener para escribir un poema o para escribir un cuento o una novela, o hacer una película, o dedicarse a la danza, creo que tiene que pasar por la parte pasional. Entonces si uno tiene eso, ya es un buen inicio. Pero hay otros elementos que son muy importantes, y esos son la dedicación, el trabajo, el estudio, la labor que uno tiene que hacer, la tarea que uno tiene que hacer de esto, que es mucho más larga, mucho más larga, de lo que normalmente uno se imagina. Creo que la diferencia que hay entre estás disciplinas en relación a otras, que también no por eso son menos importantes o valiosas, como trabajar en una empresa de oficinista; creo que la diferencia está en que un oficinista trabaja de lunes a viernes o de lunes a sábado mitad de día, y llega a su casa y deja de serlo. En el caso de estas disciplinas artísticas, uno lo es las 24 horas del día. Yo siempre les digo, “yo no soy músico de lunes a viernes, lo soy todos los días”, hoy me levanté a las 6 de la mañana, estoy trabajando, no tengo un patrón, nadie me dice qué tengo que hacer sino yo lo hago. Y es una disciplina que uno tiene que cultivar día a día para tratar de mejorar y tratar de hacer bien su trabajo. Entonces yo les recomendaría eso, mucha dedicación, mucho trabajo, y creo que el otro factor importante es la terquedad. PARA ESTAR EN ESTO HAY QUE SER MUY TERCO. YO HE VISTO, NO SOLAMENTE EN LO QUE ME TOCA EN LA CUESTIÓN DE LA ENSEÑANZA, SINO TAMBIÉN EN LOS MÚSICOS MISMOS, YA PROFESIONALES, LOS HE VISTO RENUNCIAR. FINALMENTE LO MÁS FÁCIL ES RENUNCIAR. Lo más fácil es decir “Sí, es difícil”, claro, es difícil, es muy difícil. Es muy difícil tocar el bandoneón, tocar la guitarra, tocar la flauta, tocar el violín, tocar el piano, tocar el chelo, es muy difícil tocarlo; y más difícil se hace cuando uno lo quiere hacer una manera de vivir, si uno quiere vivir de eso. Si uno tocara el bandoneón y yo viviera, te lo digo porque hay mucha gente que tiene esa perspectiva, me dice: “no, usted maestro, ahora, que le va bien”, y esa es una cuestión relativa, eso de vivir bien. Yo diría que sería muy fácil. Cuando dicen: “no, pero tú tienes una orquesta y vas y tocas”. Sí bueno, pero no te creas que yo hice una orquesta y al otro día me llamaron y ya me fui de gira, o que yo toco el bandoneón y me llaman de un lado y me llaman de otro. Si fuera fácil todos seríamos bandoneonistas, todos tendríamos orquestas, o si fuera fácil, así dices “Bueno, y los vemos a Carlos Fuentes o a Gabriel García Márquez que le dieron el novel”, bueno sí, pero hay que escribir, digo, seguro que todos ellos han contado sus historias acerca de lo que han pasado. Cuando Gabriel García Márquez vivía ahí frente al parque México como mucha gente, nadie daba un centavo por él. Dicen, “no, pero ahora el maestro”, sí, ahora el maestro pero es difícil. Entonces, lo que quería señalar con esto es acerca de eso, de la terquedad que uno tiene que tener. Tiene que ser muy paciente, la paciencia está ligada con la sabiduría, y la sabiduría va ligada con la experiencia, con el vivir, pero hay que tener cierto instinto de que se necesita de la paciencia y que finalmente, que ni siquiera uno puede percibir si esto vale la pena o no. Yo tampoco, porque a veces también dice uno “bueno, pero no, que a veces el trabajo es para lo posteridad”, yo digo no, ni quiero pensar en eso, a veces es inevitable pero no lo pienso así, yo trabajo y hago y si algún día puedo cosechar algo pues bienvenido sea, en el aspecto que sea. Pero no lo hago por eso, yo creo que lo hago, quizás, y esto daría material para el psicoanálisis, quizás uno lo hace por una cuestión egoísta, y creo que sí hay una parte egoísta, PORQUE FINALMENTE LO HAGO POR MÍ, Y SI ESO A TI TE SIRVE Y LO PODEMOS COMPARTIR Y PODEMOS ESTAR JUNTOS Y PODÉS APRENDER O PUEDO APRENDER DE TI O PODEMOS GENERAR ESTA RETROALIMENTACIÓN QUÉ BUENO. Pero fundamentalmente lo hago por mí. Por eso dudo mucho a veces, si bien es cierto que como artista uno contempla al público y lo considera, pero en realidad, y suena contradictorio esto, a mí en realidad no me importa el público. Y sí me importa. O sea, no me importa porque yo hago mi trabajo y trato de hacerlo bien y sí considero elementos hacia el público, pero en general lo hago por mí y si al público le gusta qué bueno, y si no le gusta es, hablando mal y pronto, su pedo. Claro, yo qué hago, esto es lo que yo hago. Tengo amigos que se presumen, se burlan y se ríen de mí porque tienen todos mis discos, pero cerrados, no los han abierto y no los han escuchado, porque no les gusta lo que yo hago. Ellos me han visto tocar y no les gusta. Y a mí me parece válido, y somos amigos, te estoy hablando de amigos, no te hablo de un conocido, te hablo particularmente de un amigo. Él vive en argentina y acabo de estar con él, en su casa y todo, y él se ríe mucho, dice “mi colección de discos vale una fortuna, porque yo tengo todos los discos tuyos, pero cerrados, no los he abierto”. Y yo agradezco eso porque no tiene la obligación de que le guste lo que uno hace.
Colectivo Haia: Maestro, ¿cuándo es su próximo parto? ¿Cuándo estrena proyecto?
César Olguín: Proyectos tengo para tirar para arriba. Los próximos son dos. Tengo que terminar, con mi maestro, estamos orquestando un concierto que bueno, ya está compuesto, estamos en la labor de la orquestación, el concierto para bandoneón y orquesta sinfónica, que ya tiene bastante tiempo de haber nacido pero ahora estamos en la otra parte, en la construcción de lo que es la orquestación. Espero poder estrenarlo a la brevedad. Y lo otro está relacionado con la orquesta. En diciembre sacamos el segundo disco y ahora estoy escribiendo nuevo repertorio para lo que probablemente de ahí saldrá lo que será el tercer disco. Eso sería así en lo ambicioso, lo demás es tratar de tener continuidad con la orquesta, paralelamente a eso trabajo de solista con orquesta, tocando básicamente repertorio de Astor Piazzolla, para bandoneón, orquesta de cuerdas, orquesta de cámara.
Colectivo Haia: ¿Entonces dentro de su proyecto con la orquesta ahí están gestándose también unas composiciones?
César Olguín: Arreglos. Composiciones yo, curiosamente, sé que en algún momento, digo, si no entrego el equipaje antes, tengo que escribir, tengo que componer, quiero componer para la orquesta, por lo menos aunque sea un tema. Normalmente siempre las agrupaciones con la que he trabajado, está es la agrupación de manera directa más grande que yo he tenido; he tenido quintetos, cuartetos, tríos, dúos, y siempre he metido composiciones mías en esos ensambles. Pero en la orquesta curiosamente, aunque tengo ideas, todavía no he escrito nada, quizá porque también estoy desarrollando una labor que me interesa mucho, que es solidificar desde un estilo y solidificar, afianzar más todavía la manera de interpretar y el aprendizaje de los que integran la orquesta, como para que yo después pueda meter ya de mi cosecha, estoy haciendo todavía esa labor. Porque la orquesta fue creada con un objetivo fundamental, que era que los que han acercado acá conmigo desde aprender el bandoneón a otros venidos a través de otros instrumentos, el piano, el contrabajo, el chelo, el violín, la guitarra; que se han acercado a aprender las características del tango, tengan un espacio. Porque hay un momento en donde decir “está bien, tenemos que aprender, nos juntamos y vemos, y esto se toca así”, pero hay un espacio donde uno sortea esa línea, donde uno ya no es un alumno, aún cuando uno nunca deja de ser un alumno y estar aprendiendo, pero hay una línea que uno atraviesa donde uno ya es un profesional, donde uno tiene que tocar, donde tiene que ser responsable y se trabaja de otra manera. La orquesta fue generada con eso, para que ellos tuvieran un espacio, y a mí también, no me convierte en un generoso, porque yo también he aprendido y me ha servido para plasmar otras cosas mías, tengan ese espacio donde mostrar lo que han aprendido. Porque digo, estás bien, aprendimos a tocar acá pero “y”, entonces la orquesta ha tenido esa finalidad y ha sido un proyecto que además de lindo e interesante, por lo que acontece musicalmente y humanamente, también ha sido gratificante en algo que, si bien yo lo hice con ese objetivo, también estaba consciente de que dada la cantidad y la complejidad, pensé que iba a durar poco. Ahora el próximo 6 de julio vamos a estar en el Lunario del Auditorio Nacional, donde se va a festejar el cuarto año de la creación de la orquesta. Nosotros “nacimos” el 4 de julio del 2008, que es justo el día en que se conmemora el aniversario luctuoso de Astor Piazzolla, y fue una curiosa coincidencia porque ni siquiera fue una especulación de que justo ese tenía tenía que ser, fue viernes, hubiéramos querido debutar antes, sin embargo no se pudo y bueno, dio coincidentemente con eso. Entonces, aunque ahora no coincide en 4 de julio, porque vamos a tocar el 6, pero en realidad nuestra fecha es el 4 de julio, se cumplen 4 años de la orquesta, lo cual en estos cuatro años hemos participado en unos cuantos festivales, hemos grabado dos discos, nos ha ido bastante bien para lo complejo que es una agrupación de estas características, con todas estás limitantes de los espacios, pues hoy mover 11 músicos es, económicamente, caro y, logísticamente, complejo. Sobre todo porque la orquesta no tiene ningún patrocinio, se mueve de manera independiente, bajo mi responsabilidad. No tenemos patrocinio y tampoco tenemos una continuidad en lo laborar, desde lo económico, como para pedirle a los músicos una exclusividad. Por lo tanto los músicos, unos de ellos pertenecen a orquestas sinfónicas, filarmónicas, a algunas otras agrupaciones. Por eso digo que nos ha ido bien.
Colectivo Haia: ¿Usted baila tango?
César Olguín: No, no bailo tango. Alguna vez por ahí hace muchos años he bailado un poquito, sabía unos pasos pero no. A lo mejor por ahí, pensándolo así, de manera bohemia, me gustaría, pero en realidad no tengo tiempo. Sé de la pasión que genera en los que van a las milongas y van a bailar y todo eso, y se les convierte también como una obsesión, eso de ir a bailar y aprender. Sí me gusta bailar, pero me gusta bailar salsa por ejemplo, me gusta más. Tiene sus dificultades bailar tango, no es fácil. Pero me gusta más bailar salsa, me divierto más, sí, me gusta mucho.
Colectivo Haia: Y para finalizar, en una frase nos podría usted decir ¿qué es el tango para Cesar Olguín?
César Olguín: El lenguaje que me permite ser.
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